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AGRESORES Y VÍCTIMAS:¿QUÉ PUEDEN HACER LOS PADRES?
¿Qué se entiende por intimidación?
Las bromas pueden ser una parte inevitable de la vida, pero cuando se convierten en burla y el niño teme que el agresor le haga daño, la situación se torna más grave, y cruza la línea hacia la intimidación.
En general, la intimidación implica la repetición de conductas con la intención de hacer daño para lograr y mantener un desequilibrio de poder. Normalmente, la intimidación consiste en actitudes directas, como bromas, burlas, amenazas, golpes o robos, de parte de uno o más niños dirigidas a una o varias víctimas. Además de los ataques directos, la intimidación también puede ser indirecta como cuando se echa a correr un rumor que condena a la víctima al aislamiento social o exclusión del grupo.
Mientras que los varones por lo general recurren a formas directas de agresión física, las niñas suelen recurrir a estrategias indirectas más sutiles, como el ridículo y los rumores, ya sea que la agresión sea verbal, física o social, los componentes claves son:
(1) la intención de hacer daño,
(2) el desequilibrio de poder, y
(3) la repetición de conductas.
¿Qué alcance tiene la intimidación?
La intimidación es un problema profundo que afecta a niños en edad escolar de todo el mundo.
El Prof. Dan Olweus, investigador reconocido sobre el tema de la intimidación entre los jóvenes en edad escolar, ha observado que aproximadamente uno de cada siete alumnos se ve involucrado en conflictos de tipo agresor/víctima en un momento dado y que dos de cada cinco estudiantes se ven involucrados en este tipo de conflictos en algún momento de su vida.
La intimidación directa parece aumentar durante los primeros años de escolaridad, alcanzar un pico en los años intermedios, y disminuir en el ámbito de la escuela secundaria, si bien la agresión física directa disminuye con la edad, el maltrato verbal perdura.
¿Cómo es el agresor?
Los niños que recurren a la intimidación necesitan sentirse poderosos y tener el mando, sienten satisfacción cuando hacen sufrir a otros, no sienten compasión alguna por sus víctimas, y suelen defenderse argumentando que sus víctimas los provocaron primero.
No existen pruebas suficientes como para respaldar la idea de que los agresores someten a otros porque se sienten a disgusto consigo mismos.
Los agresores tienen estilos diferentes. Algunos son violentos y logran su cometido
mediante la fuerza bruta o acosando abiertamente a su víctima. Otros son más reservados y manipuladores; tratan de ejercer control mediante la persuasión y la mentira.
mediante la fuerza bruta o acosando abiertamente a su víctima. Otros son más reservados y manipuladores; tratan de ejercer control mediante la persuasión y la mentira.
Algunos estudios han demostrado que los niños que recurren a la intimidación, al crecer, se convierten en adultos que también lo hacen. Asimismo, en la adultez, es más probable que lleguen a cometer delitos y tener problemas de drogadicción.
¿Cómo es la víctima?
Los niños que son víctimas de la intimidación repetidas veces tienden a ser callados y tímidos. No es usual que devuelvan la agresión o respondan con convicción a la agresión inicial, que entonces será repetida por el agresor. Los niños elegidos como víctima a menudo no tienen amigos ni apoyo social en la escuela, y no confían ni en su capacidad física ni en su fortaleza.
Los niños que son víctimas de la intimidación repetidas veces tienden a ser callados y tímidos. No es usual que devuelvan la agresión o respondan con convicción a la agresión inicial, que entonces será repetida por el agresor. Los niños elegidos como víctima a menudo no tienen amigos ni apoyo social en la escuela, y no confían ni en su capacidad física ni en su fortaleza.
El ser objeto de tales agresiones afecta su autoestima, y puede provocarles enfermedades, depresión, bajo rendimiento escolar, y dejar cicatrices de por vida. Las niñas que son víctimas tienden a experimentar más sufrimiento emocional que los varones.
¿Qué podemos hacer los padres?
¿Qué podemos hacer los padres?
Es importante darse cuenta de que estas situaciones ocurren ante el desconocimiento de padres y docentes. Sin embargo, no se puede esperar que los niños intenten hacer frente a los agresores por sí mismos.
Se les debe enseñar que la intimidación es inaceptable, y este mensaje debe recalcarse y sostenerse en la escuela y el hogar. A menudo, la agresión no se produce exclusivamente en el contexto de la relación individual. De hecho, muchos casos comprenden más de un agresor y más de una víctima. Independientemente del hecho de que su hijo sea víctima o agresor, aliente a los directores de la escuela a implementar un programa integral de lucha contra la intimidación para toda la escuela. Un programa bien implementado con apoyo de los padres, los docentes y la comunidad logrará reducir la cantidad de incidentes de este tipo en gran medida.
Estos programas sirven para enseñarles a los niños la diferencia entre chismear y hacerse escuchar, y recompensan a los niños que informan a un adulto sobre una situación de intimidación.
Estos programas sirven para enseñarles a los niños la diferencia entre chismear y hacerse escuchar, y recompensan a los niños que informan a un adulto sobre una situación de intimidación.
Los niños también deben aprender la diferencia entre enfrentar al agresor, y distraer la atención de éste apoyando a la víctima. Por ejemplo, cualquiera puede decir “Johnny, ven a jugar conmigo” y apartar así a la víctima de una situación violenta.
La intimidación afecta a todos los integrantes de un grupo, razón por la cual los intentos individuales para disuadir al agresor casi nunca dan resultado. Por lo tanto, la forma más eficaz de quitarle el poder a un agresor reside en el esfuerzo común: para terminar con la intimidación, todos los integrantes de la comunidad escolar deben unirse.
¿Qué puedo hacer si mi hijo es víctima?
- Observe el comportamiento de su hijo, por ejemplo, si no quiere asistir a la escuela, si no tiene amigos, “si pierde objetos” repentinamente, si tiene alguna prenda rasgada, cortes o golpes sin explicación, y si manifiesta mayor angustia respecto de la escuela y/o las tareas escolares.
- Hágale preguntas directas y tome en serio sus quejas acerca de hechos de intimidación. A menudo, los niños sienten vergüenza y tienen miedo de contar que han sido agredidos, por lo tanto, el seguir investigando una queja aparentemente sin importancia puede llevar a descubrir situaciones de maltrato graves.
- Comuníquese de inmediato con la escuela para cerciorarse de que su hijo no corra peligro, que el agresor sea sancionado como corresponda, que la supervisión en la escuela sea la correcta, y que se adopten medidas para dar a conocer mensajes en contra de la intimidación.
- Dígale a su hijo que si se burlan de él no es por su culpa, y que, como padre, usted está de su lado.
- ¿Qué puedo hacer si mi hijo es agresor?
- Observe si su hijo intimida a otros niños; si agrede en forma verbal o física en una situación de conflicto; si tiene objetos que no le pertenecen; y si habla de desquitarse de otros.
- Explíquele claramente que no tolerará esta clase de comportamiento, y establezca una solución eficaz, no violenta.
- Elogie los esfuerzos de su hijo por lograr un comportamiento no hostil, y acatar las reglas del hogar y de la escuela.
- Mantenga un diálogo constante con su hijo.
- Hable con los docentes de su hijo y con los directores de la escuela. Es importante mantenerse en contacto.
- Supervise aún más las actividades de su hijo, los lugares que frecuenta, con quién se relaciona.
- Piense en su propio comportamiento y agresión, y bríndele modelos adecuados para resolver conflictos.
fuente: - THE PARENT LETTER en pdf
VOLUMEN 2, NÚMERO 2 OCTUBRE DE 2003
Escrito y diseñado por Amy Bobrow, Ph.D. y el personal del NYU Child Study Center
ACERCA DEL NYU CHILD STUDY CENTER
El NYU Child Study Center se dedica a comprender, prevenir y tratar problemas de salud mental en niños y adolescentes.
Brinda evaluación y tratamiento a niños y adolescentes con problemas mentales, como ansiedad, depresión, dificultades del aprendizaje o de atención y síntomas asociados al estrés y los traumas.
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Changing the Face of Child Mental Health
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The Parent Letter ha recibido el generoso aporte de: Joseph Healy y Thomas Walker
